
Jinan es la capital de la Provincia y es una de las ciudades más famosas de la historia y cultura chinas.

De allí me trasladé a Qingzhou que está a unas 7 horas de bus. Me hospedé en la casa del obispo hasta el 7 de Febrero. La Diócesis de Qingzhou tiene su obispo de 96 años, 8 sacerdotes (de los cuales dos están enfermos), 5 seminaristas, 9 religiosas y alrededor de 10.000 católicos. La mayoría de los sacerdotes y religiosas vienen de un mismo pueblo que tiene más católicos que la ciudad de Qingzhou. La catedral está en un barrio donde hay más musulmanes que católicos así que son pocos los que frecuentan la iglesia.

Durante mi estadía allí pude dar unas charlas de biblia a los seminaristas y las religiosas que habían llegado de vacaciones por el festival de la primavera. Durante la Misa todos tienen un ejemplar de nuestra biblia pastoral china y antes de la Misa leen las lecturas correspondientes. Sacerdotes, seminaristas, religiosas y personal que trabaja en la iglesia rezan juntos las oraciones de la mañana y de la tarde. Los locales de la iglesia y residencia están muy limpios… el lugar vibra espíritu de comunidad y alegría.

China: El contraste entre ciudad y campo es inmenso.
Ya sea en las grandes ciudades con sus comodidades y luces de neón o en los pueblos y aldeas donde la gente vive de manera muy sencilla y sin calefacción en invierno, los católicos chinos forman una comunidad donde todos se sienten con un sentido de pertenencia como hermanos y hermanas.